Reseña histórica de la Facultad
La Facultad de Teología del Uruguay Mons. Mariano Soler, fue erigida
canónicamente por decreto de la Congregación para la Educación Católica del
22 de julio de 2000. Culmina así un largo proceso comenzado hace más de dos
siglos y se abre una nueva etapa futura.
La enseñanza de la Teología y las ciencias religiosas en el Uruguay comenzó
en el siglo XIX. En los últimos años del período colonial se abrieron
cátedras en el Convento de San Bernardino de los PP. Franciscanos.
Establecida la República Oriental del Uruguay, uno de sus primeros actos fue
la ley de fundación de la Universidad Mayor de la República (ley Larrañaga),
en la cual se creó la cátedra de Teología. Esta subsistió con altibajos
hasta los comienzos de la década del 60.
En 1879, Mons. Jacinto Vera fundó el Seminario Conciliar. Desde entonces, en
forma ininterrumpida, existe la enseñanza de la Teología en el Uruguay. A
los estudios del Seminario se suman en el siglo XX los estudiantados de los
PP. Salesianos y los PP. Capuchinos cursos de Filosofía y Teología.
Enseguida de concluido el Concilio Vaticano II, el 14 de noviembre de 1966
se funda en Montevideo el Instituto Teológico del Uruguay Mons. Mariano
Soler por un acuerdo entre la Conferencia Episcopal del Uruguay y el Consejo
de Superiores Mayores. Desde los comienzos los Obispos y los Provinciales se
propusieron formar una Facultad de Teología, que cumpliera con todos los
requisitos de la formación académica (cf. Acta Nº 49 de las sesiones de la
CEU y los primeros Estatutos del acta fundacional).
Por decreto de la Congregación de la Educación Católica del 21 de mayo de
1967, el Instituto fue afiliado a la Facultad de Teología de la Pontificia
Universidad Gregoriana, y, desde entonces, ha mantenido una estrecha,
fecunda y permanente vinculación con esa alta casa de estudios. La
institución fue agregada a la misma Facultad de Teología de la Pontificia
Universidad Gregoriana, por decreto del 15 de noviembre de 1993.
A lo largo de más de tres décadas, el Instituto cumplió con su cometido,
impartiendo la enseñanza de la Teología y las otras ciencias eclesiásticas,
en primer lugar para la formación de los sacerdotes y, también, enseñando a
religiosos, religiosas y laicos. Para este fin, además de los estudios
curriculares para el sacerdocio, con la posibilidad de obtener el
bachillerato en Teología, se desarrolló una tarea de extensión por medio del
Departamento de Laicos, el Departamento de Vida Consagrada y por el
Instituto de Ciencias Religiosas, también patrocinado por la Universidad
Gregoriana. En los últimos años nos hemos vinculado particularmente con la
Universidad Católica del Uruguay Dámaso Antonio Larrañaga, creada dos
décadas después.
Fruto de las investigaciones de los docentes, a lo largo de los años se han
editado diversos libros. Desde hace 25 años se publica la revista, llamada
en un primer período Libro Anual y actualmente Soleriana. De esta forma se
ofrece un aporte científico, además de mantenerse un fructuoso intercambio
internacional.
En 1980 se adquirió la actual sede de San Fructuoso 1019, la cual se amplió
con la construcción de la Biblioteca. El año 1999 se inauguró la nueva Aula
Magna y se incorporó a la Biblioteca el piso superior.
Al ser erigida la Facultad, ésta puede otorgar todos los grados académicos
eclesiásticos en Teología. De ella han salido titulados bachilleres,
licenciados y doctores en Teología (los grados eclesiásticos de bachillerato
y licenciatura equivalen a los de licenciatura y maestría en el uso
corriente).
Con Fecha 9 de setiembre de 2004 el Presidente de la República Dr. Jorge
Batlle Ibañez, firmó la resolución por la que se aprueban los Estatutos de
la fundación "Instituto Universitario Monseñor Mariano Soler - Facultad de
Teología del Uruguay" y se le reconoce la personería jurídica. Por la misma
se autoriza a esta Facultad a funcionar como Instituto Universitario y se
reconoce la carrera "Licenciatura en Ciencias Teológicas".
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RESEÑA HISTÓRICA DE MONSEÑOR MARIANO SOLER
Mariano Soler nació en San Carlos (Maldonado, Uruguay) el 25 de marzo de
1846 y falleció en alta mar, mientras volvía a Montevideo, el 26 de
septiembre de 1908.
Enviado por Mons. Jacinto Vera hizo sus estudios eclesiásticos en el Colegio
de la Inmaculada de Santa Fe (Argentina) y en la Pontificia Universidad
Gregoriana de Roma, donde se graduó como Doctor en Teología y en Derecho
Canónico, mientras era alumno del Colegio Pío Latino Americano.
Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1872 y regresó a Montevideo en
1874. En 1890 es nombrado administrador apostólico. El 18 de enero de 1891
es elegido tercer obispo de Montevideo, siendo consagrado el 8 de febrero.
El 14 de abril de 1897 es nombrado primer arzobispo de Montevideo, al
erigirse la Provincia Eclesiástica del Uruguay.
En su ministerio desarrolló una actividad incansable en diferentes órdenes.
Fue cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen del Cordón,
diputado por Canelones, fundador del Club Católico – centro de difusión
cultural para el laicado – y del Liceo de Estudios Universitarios – la
primera universidad libre del país, asfixiada por la intransigencia
anticatólica –.
Se destacó como publicista de fuste, orador talentoso y gran polemista. Fue
un verdadero humanista, que se esforzó por mostrar la unidad entre la fe
cristiana y el mundo moderno. Su vasta bibliografía comprende obras
teológicas y canónicas, filosofía, sociología, ciencias naturales, política,
etc. Son obras de diversa índole, desde cartas pastorales y folletos de
piedad, hasta libros polémicos. En algunos aparece más su creatividad, en
otros el modo de la difundir las ideas en su época.
Su influjo se extendió fuera de fronteras. Es llamado el segundo fundador
del Colegio Pío Latino Americano, porque recorrió el continente americano a
fin de lograr la continuidad de esa casa y presidió una sesión del Concilio
Plenario dedicado a salvar esa institución, en su concepto clave para la
formación del clero. Mons. Soler fue hombre de confianza de León XIII y le
cupo particular participación en el Concilio Plenario Latinoamericano de
1899, que él abrió con su discurso inaugural por mandato del Papa el 28 de
mayo.
Construyó en Ortás (Urthás), a pocos kilómetros de Belén, el Santuario del
Hortus Conclusus, como perenne presencia del Uruguay y de la Argentina,
santuario que entregó a las Hermanas de María Santísima del Huerto. Este
templo y asilo es un monumento que nos habla de su capacidad creativa, en
sueños y en hechos, de su amor por la Tierra Santa – la que visitó en varios
viajes –, y por la Madre del Señor.
La Facultad de Teología toma su nombre de este uruguayo sabio, de este
sacerdote celoso, de este obispo abierto al mundo y enamorado de Cristo,
audaz hasta más allá de lo imaginable, humilde en todo.
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